Las vocaciones STEM deben fomentarse antes de la etapa preuniversitaria

Sofía Riesco

La formación de los profesores en competencias tecnológicas es clave para transmitir a los jóvenes sus usos y aplicaciones.

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Fomentar las vocaciones STEM entre los niños y niñas antes de llegar a la ESO es esencial para que decidan estudiar una Ingeniería o un Grado en Matemáticas. Entre los 11 y los 12 años se produce un cambio de mentalidad, y es en ese punto donde hay que actuar, señalan los expertos.

El debate de la Fundación CYD ‘Buscando talento: ¿Cómo equilibrar la oferta y demanda de empleo en el sector tecnológico?’ ha dado voz a las rectoras de la Universidad Alfonso X El Sabio y la Politécnica de Cartagena, así como a responsables de Microsoft y Telefónica, para saber cómo las universidades dan respuesta a esa necesidad de talento tecnológico que hace falta en las empresas.

Todos apuntan a que hay que actuar pronto, antes de la etapa preuniversitaria. Hay que tratar de explicar a los más jóvenes, con su propio lenguaje, qué impacto, qué usos y qué aplicaciones tiene la tecnología en el día a día, en su mismo smartphone. Despertar esa inquietud por saber e impulsarla a través de los padres y los educadores es imprescindible para que lleguen a convertirse en futuros ingenieros e ingenieras. Pero sobre todo ellas, donde están infrarrepresentadas en un sector predominantemente masculino.

Las mujeres, que apenas ocupan 3 de cada 10 puestos TIC en Europa, se sienten más seguras si programan en entornos femeninos. Es precisamente la inseguridad uno de los principales escollos de las adolescentes, por lo que tratar de hacer entendibles las profesiones STEM y el impacto en la humanidad, así como el carácter social de la tecnología, puede ayudarles a darles el salto hacia estas carreras.

El trabajo también pasa por los profesores, docentes y orientadores, que en muchas ocasiones no disponen de los conocimientos y competencias necesarias para hacerles llegar esas utilidades. De hecho, fueron los profesores de Alejandro Martín, graduado en Ingeniería Aeroespacial por la Universidad Carlos III de Madrid, los que en parte le ayudaron a continuar incubando ese interés por la tecnología, ya que transmitían sus conocimientos con pasión, explicando las soluciones y usos que podía aportar.

En Microsoft ya están centrados en formar tanto a profesionales como desempleados en la adquisición de competencias tecnológicas, por ejemplo instruyendo a los profesores en la aplicación de la inteligencia artificial en determinadas asignaturas. De este modo, y dotando a las aulas con mejores tecnologías, se pueden ir fomentando esas vocaciones.

Pero no solo se trata de proporcionar al mercado más ingenieros y más perfiles técnicos, sino de actualizar los que ya hay formados por ejemplo en derecho o marketing, y que desean reenfocar su carrera profesional hacia los perfiles que están demandando las empresas. En este sentido, ya existen entidades que dotan rápidamente de las competencias más básicas en programación a titulados de otras carreras universitarias con cursos de corta duración.

Además, también se necesitan titulados y tituladas de Formación Profesional que den respuesta a esa necesidad de talento. Y es que lo que piden las empresas es inquietud y saber aportar soluciones a problemáticas determinadas, no solo un título que permita firmar proyectos.

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